viernes, 19 de marzo de 2010

Extraño

“¿Conocés lo que se llama sensación de extrañamiento?”. “Sí, te referís a eso que se da cuanto tus propios textos se te vuelven extraños luego de un tiempo”, dije. “No, no es eso. Se da cuando llegás a un lugar nuevo, que no conocés para nada y de repente sentís que todo lo que puede ser cotidiano, normal para el lugar, a vos te resulta extraño. Y viceversa, ¿no? Bueno, eso hay que aprovecharlo, usarlo para lo que escribís. A mí me decían que no me perdiera de esa sensación. Porque después de un tiempo, te amoldás y ya se pierde”, yo me inclinaba en la silla y la miraba con la certeza de que estas serían las líneas de mi primera crónica en Irlanda.

Salimos de un pequeño centro comunitario, que olía a curry dulce y a vapor de comida casera, y caminamos hasta la parada de su colectivo. Hablamos de trabajo, de cómo hacer currículums (tema que ya me ha agobiado) y otros tips para la vida de un argentino recién llegado.

Cuando volví a casa me decía que estaba haciendo bien las cosas, a pesar de que aún no recibiera ninguna oferta de trabajo (se me vino a la cabeza la frase “Kitchen porter”, cuya traducción más fidedigna sería “friegaplatos”). Y sonreí, ¿no?, qué más hacer. Me detuve frente a un restaurante de comida china que estaba vacío, donde una chica de unos 20 años estaba sentada del otro lado del mostrador, leyendo un libro. Hacía frío, había poca gente en la calle y unos cuantos autos levantaban los papeles del pavimento. Levantó la cabeza casi como en un movimiento instintivo y me sonrió para luego volver a su libro. Seguí rumbo a casa, mirando una gran catedral que está a unas cuadras, que data del siglo XVII. La luz del farol solo mostraba que el gran portal estaba cerrado. A las puntas del techo no se las podía ver, con la noche y la poca luz. A la vuelta unos niños rubios jugaban con un sofá que estaba tirado: habían quitado un almohadón y lo amarraban a un poste con una cinta adhesiva de supermercado. Era Lunes, 15 de Marzo, alrededor de las 21 horas.

jueves, 25 de febrero de 2010

Resucitando (de nuevo), como la novia de Frankenstein...



El otro día, mientras acomodaba la mesita de luz que está al lado de la cama, encontré un cuaderno que pretendió ser alguna vez una especie de "diario" personal. Virginia me había generado la inquietud. Pero luego me di cuenta de que no es el formato... ese cuaderno pecaba de aburrido y fácilmente olvidable. Por ello, retomaré mi blog, a modo de lo que venía siendo: un diario escrito por las noches, una especie de "seudo-catarsis". A días de viajar, de irme de Mendoza por un buen tiempo, qué mejor que comenzarlo ahora.

Y en este momento, en que estoy por hacer click sobre "Publicar entrada", me digo y re-digo, "It's alive! It's alive!".

jueves, 3 de diciembre de 2009

VIRGINIA: DIARIO Y PREMONICIÓN

Estoy leyendo el diario de Virginia Woolf. Me sorprende la rigurosidad con la que escribía esta mujer, como si se tratara de una alquimista persistente y precisa. Así como ella lo hacía, me puse a pensar respecto a lo que estoy escribiendo. Pienso en los personajes de la novela, en Beatrixxx, en Jonas, en Marcos y Patricio. Un juego interesante hay de por medio, como un mundo de varios niveles narrativos que poco a poco se va quebrando y fundiéndose. Suena interesante, pero no sé, a veces pareciera que solo construyo un castillo con cartas. Virginia también se preguntaba de lo que hacía, el porqué, el cómo, revisaba, una y otra vez, a modo de escritunio. ¡Qué mujer! Pienso en mis lecturas, en mis escritos, en las películas que miro todas las noches. Beatrixxx salió de ahí, Jonas no, él salió de otro lado, menos presentable. Marcos es un invento de mí, una suerte de pac-man que come la frutita encantada. Se exacerban los defectos, se caricaturiza. Patricio se me hace invisible todavía, como difuso, mejor dicho. Tiene peso pero no sé exactamente cuánto. Será cuestión de ir midiendo. Supongo que el mismo Marcos me lo irá mostrando. Baatrixxx está teniendo más personalidad y la forma en que se narra, creo que también. Pero es difuso todavía, borroso, fuera de foco. Hay tachaduras en mi mente, todavía. Supongo que tendrá vida este verano, vida completa, cuerpo entero. Será cuestión de mantener el equilibrio.

martes, 30 de junio de 2009

Mini-cortisho

Aquí uno de los primeros trabajos de la escuela de cine. Véanlo con mucho amor, ya que es necesario.




GRacias!

martes, 7 de abril de 2009

Cuentillo

He aquí un texto escrito hace un tiempo. Rosa, casi catártico, en fin, un texto. A disfrutarlo, en caso de que así sea:


El bar

Lo miró de reojo mientras compraba en el mostrador. Tenía un traje gris, un peinado sutil hecho en la mañana y desdibujado durante el día. Parecía que había estado llorando, o que quizá había recibido algún golpe que le había hecho lagrimear. Compró cerveza y se sentó. Estiró las piernas y se dejó caer como si se tratara de un diván. Se sirvió y bebió con prisa. Lo hacía como si intentara apagar un incendio, como si pudiera diluir alguna llaga.

Miguel lo estudió lentamente. Se había olvidado su cámara en casa. Lamentó no tenerla con él. Podría haber tomado tantas fotos. Con su mirada el hombre le decía que había sido traicionado, o quizá, despedido, violado, insultado. Llevaba consigo una carga invisible. Quiso creer que se borraba con el alcohol, con un vaso frío y una mesa pequeña en un bar oscuro. Pero eso no pasaba. Se imprimía aún más, se marcaba como si se tratara de un hierro candente.

Miguel decidió guardar las imágenes en su memoria. Lo miró y midió cada centímetro de luz y de sombra, observó cómo el humo disolvía algunas líneas, cómo brillaban sus labios con la humedad que se quedaba luego de cada sorbo. Se dijo que seguramente él no esperaba tener un día así. No con ese traje, con ese peinado, con esa presencia. Parecía un héroe cansado, un caballero moribundo que rogaba por agua. Se pensó así, se pensó igual, lo recordó. Pobre de mí, cuánto tiempo perdido en ese mar. No debo volver. Quererlo así fue la desdicha. Querer así es convertir un día normal en un confesionario, en un bar, en una danza solitaria con los hilos de los cigarrillos. Pobre de mí…

viernes, 27 de marzo de 2009

¿Debilucha o Erin Brockovich?

El otro día charlaba con un amigo sobre esto de ser una "mujer fuerte". Nos decíamos que, a pesar de tantas cagadas, tanta cosa mala dando vuelta, tanta (y me permito ser seudo-poeta) "lágrima derramada sobre las sábanas", hemos podido seguir y al parecer somos fuertes. Pero he ahí el dilema. ¿Lo somos? ¿O acaso con un pequeño empujón nos volvemos endebles como Olivia?


La figura de Erin se me vino a la cabeza. Una chica audaz, llena de responsabilidades, de problemas, de toda índole, y que logra lo que se propone. Obviamente es cine, y el cine ilusiona como un cartón de lotería o una tapita de coca cola. Erin nos muestra que sí se puede, que se sale adelante, que aun un desamor, una mala jugada, es posible afrontar. ¿Qué sucede, ahora, cuando vuelve y vuelve y vuelve? Siento muchas veces que la reiteración es parte del desafío. Erin no caería, Olivia siempre cae. Amo poder decir que lo he superado, pero odio sentir que aún no lo he hecho, cuando ese mismo problema vuelve a surgir. Los amores histéricos, la aparición de personas indeseadas, las mismas palabras que hieren de la misma forma, todo puede debilitar a Erin.


Asemejarse a ella no significa teñirse de rojo y operarse la nariz buscando la perfección de Julia, sino darle adelante, no aflojar. Las cosas van y vuelven, los mismos problemas lo hacen. Me siento a veces entre los dos tornados y las vacas voladoras, mirando la misma disquisición una y otra vez. Me digo entonces, muy fuerte y muy adentro: "¿cómo actuaría Erin? ¡Vos podés! ¡Vos podés!".

lunes, 16 de marzo de 2009

Grupo - Grupete / ¿soberbio - sorbete?

En los últimos días he analizado un dilema interesante. He tenido la oportunidad de "pispear" el funcionamiento inicial de un grupo que al parecer parece muy copado. Ahora, como no siempre me sucede, decidí dar mi voz y voto y no ocultar mi parecer. Esto ha causado, según veo, cierto rechazo. ¿Indiferencia, quizá? No lo sé aún. Lo importante a analizar es cuánto uno puede meter en su discurso de objetivo, sin caer en la soberbia. Porque, por más humildad que podamos tener, no puedo dejar de pensar que quizá uno es más listo que otra persona. ¿Cuándo el amor propio se transforma en arrogancia? ¿Cuándo dejamos de intentar impresionar para pasar a ser arrogantes fácilmente rechazables?


Cada grupo maneja una dinámica particular. A veces interesante, copada, otras más lejos de mí, de uds, de la mayoría o no. En fin, cada grupo va encontrando su surco, pienso. Y si cuando eso mismo notamos, y al mismo tiempo vemos que no podemos andar por ese surco, ¿cuál es la mejor opción? ¿Saltar a otro? ¿Intentar hacer más ancho el caminito? ¿O parar el agua, total...?


Me he encontrado un tanto desconcertado. Mis opiniones "subjetivas" (claro) que intentaron ser constructivas se han convertido en un discurso un tanto elitista (según se dice), un tanto "soberbio". No puedo decir que me sorprende del todo, creo que en cierto modo algunos tenemos ese caracter algo arraigado. Mmmm... ¿Será? Me pregunto. Cuando ocurre esto, ¿seremos los más copados, más que el resto? ¿O los más nabos? ¿Será que somos incomprendidos, mal juzgados, más inteligentes? ¿O menos humildes, menos "populistas", menos inclusivos? Mmmm... no sé. Por suerte, por ahora, sigo dudando. La duda da algo de poder, creo yo. Un poco siempre está bueno.

viernes, 27 de febrero de 2009

Mirar y ser mirado


Hace un par de semanas, luego de volver al ruedo de las noches acocteladas y de música top y de permitir una plácida euforia, analicé el funcionamiento de sitios así, digo, de boliches. Es claro que la dinámica ronda alrededor de lo puramente visual, de lo externo y, podría decirse, superficial. Pienso en el cuidado (extremado en algunos) que tienen los que van para con sus trajes, vestidos y demás utensilios. Pienso en los esquemas canónicos que algunos intentan (casi desesperadamente) imitar: como los pelos al aire, los teñidos y demás, que deforman (en la mayoría de las oportunidades). Al fin de cuentas, me pregunto, ¿cuál es el código patente que mueve a sitios así, que hace que nos comportemos casi de la misma manera?


Es evidente que todos lo conocemos. De mejor o no tan mejor forma, estamos pendientes. Sabemos quiénes son las estrellas, quiénes estan por primera vez, quiénes ya han pasado su vida ahí, buscando y buscando. Se ve esa búsqueda, esa evidente casi "desesperación" por encontrar el amor eterno en este lugar. ¿De dónde viene esa imposición? ¿De dónde nace la indispensable necesidad de buscarlo y encontrarlo ahí?


El boliche es un lugar de encuentro, de juego, de caretas al estilo Pirandello, quizá con toques pop y algunos más trash. Se hace una excursión interesante por la dinámica de la seducción o la in-seducción de las personas. Se ve el grado de libertad que pueden o no tener al estar expuestos. Cómo baila, cómo se mueve, cómo habla con los amigos. Miramos y especulamos. Nos miran y sacan conclusiones. A veces desespero al sentirme inmerso en ello, pero me solazo cuando siento que nado como un pez en el agua entre este maremágnum. A veces las cosas podrían ser más simples, pero perderían su encanto. ¿O no?

lunes, 16 de febrero de 2009

Pasión

Hace poco leía una serie de textos acerca de filósofos y escritores franceses. En realidad, era algo breve, sintético, pero bastó para que me parecieran unos copados... Paso a explicar por cuá.

Rabelais amaba la vida, como solo un humanista podía hacerlo. Dentro de su doctrina, adhería a la idea de otro tipo que decía: "¡Haz lo que quieras!", no es una apología al libertinaje, sino a la libertad de poder hacer lo que deseemos sin atropellar la libertad de los otros, dada que la naturaleza no es mala, sus impulsos serán buenos y debemos seguirlos. Diderot, muchos siglos después, decía que la Naturaleza era la excelencia, y que el hombre no debía dejarse limitar por cosas extrañas, como la religión, por ejemplo. Rousseau, otro copado, pensaba que la naturaleza hizo al hombre bueno, pero la sociedad lo hizo malo. Nada que el hombre impulse por su instinto y deseo es malo. De hecho planteaba el retorno al hombre natural, sin perder, claro está, los logros del hombre civilizado.

¿Qué tanta cabida debemos darle a nuestros impulsos? ¿A nuestras pasiones? Pienso en la atracción física, en enamorarse, en algo tan básico como las ganas de tener sexo.

Racine, por otro lado, mostraba a las pasiones humanas como aquello que vive en el hombre de forma oculta, pero que sale en algún momento y enseña el lado más oscuro y primitivo. Las pasiones como aquello que destruye al hombre. Amar es lo peor, lo que nos hace sucumbir...

Mmm... pensándolo fríamente, voto por los primeros.

lunes, 2 de febrero de 2009

Hísterix

Un amigo una vez bautizó así a un chico que se caracterizaba, no por pertenecer a los comic de Asterix, sino por ser uno de los emblemas más reconocibles de lo que actualmente se llama persona HISTÉRICA. Dedicaré este pequeño post a pensar, no con la mente en frío, en ellos (¿nosotros?).



¿Cómo ubicar la histeria? ¿Como una cualidad intrínseca de ciertas personas o como actitudes pasajeras, momentáneas, particulares, que no pertenecen a una conducta habitué? Otro amigo decía que en realidad todo depende del poder que se ejerza. El que se sabe deseado logra manejar, casi instintivamente, la situación. Puede complacer ese deseo, o no. Ahora bien, ¿qué sucede con aquel que poco le interesa complacer o no, sino justamente, el poder? Sentirse deseado es algo muy renovador, quizá mucho mejor que sesiones y sesiones de psicóloga. ¿Nace justamente de una necesidad, de un placer no del todo consciente? ¿O de algo puramente consciente, "cruel", quizás?



Hoy he perdido las ganas de seguirlo pensando. Quisiera poder resolverlo, para evitarlo, tanto en mí como en otro. Sentir que un buen sentimiento se pierde en un discurso, en palabras con edulcorante. Odio eso. Odio las palabras-anzuelo que perforan un noble sentimiento. Sin embargo, por otros momentos, recuerdo siempre lo que el hermano de Charlie Kauffman le decía a este pobre guionista inseguro: "El amor que uno siente es de uno. De nadie de más. Ni siquiera la persona amada tiene el derecho de poder hacer algo con él".

domingo, 25 de enero de 2009

Pato

Hace un tiempo, perdido en un cajón, en vacaciones por la costa, encontré un libro de un ruso llamado Alejandro Solyenitzin. Si bien no todos los cuentos me gustaron, uno me pareció una obra de arte. Aquí lo comparto y comento:



EL PATITO



Un pequeño patito amarillo cojea y se cae cómicamente sobre su pancita blanca en el pasto mojado. Corre delante de mí y chilla "¿dónde está mi mamá?" "¿Dónde están todos?..."Pero no es su mamá, es una gallina; le pusieron un huevo de pato y lo empolló con los suyos, sin hacer diferencia alguna. Ahora que se aproxima el temporal pusieron su casita, un viejo canasto roto, bajo techo y la cubrieron con una bolsa. Todos están allí, salvo éste que se extravió.



Ven pequeñuelo, ven a mis manos.



¿Cómo se afirma en esto la vida? Ningún peso, ojos negros como perlitas, patitas como de gorrión. Lo estrechas y no existe más. Y sin embargo es calentito. Su piquito rosa pálido ya es ancho, las piernecitas ya lucen sus membranas, se notan las alas plumosas y es amarillo como los de su estirpe. Y ya se diferencia por el carácter, de sus hermanos adoptivos.

Nosotros pronto volaremos a Venus. Nosotros. Si todos nos pusiéramos a la obra, en veinte minutos labraríamos todo el mundo... Pero nunca, nunca, con todo nuestro potencial atómico podremos componer en una probeta, aunque nos den plumas, carne y huesitos, este imponderable, pequeño, lastimoso, patito amarillento.



Una de las cosas que me llamó la atención, es la claridad textual con que muestra la esencia de una persona. Si sos un pato, no hay con qué cambiarlo. El tema de la Mihanovich no es novedad.


En más de una oportunidad, uno es un patito feo que se oculta entre los demás, que se cree el más desdichado, el más incomprendido y sí, el más feo. Pero con el tiempo, la vida y las palabras, el pato no solo será cisne, sino que es el que más alto vuela, el que más lejos llega, el que quizá entiende más del aire y del viento. Afortunada existencia de patos feos. Es hora de aplaudirles, olvidar mentecatos gallos que solo cacarean y no llegan a nada. Descubrir la esencia, lindo trabajo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Ser o no ser... lindo

No es ninguna novedad hablar sobre la belleza fisica en esta epoca, donde cada vez ocupa mas espacio. No es ningun novedad, realmente. La TV, el cine, las revistas, todo ha hablado alguna vez de la frivolidad con que nos movemos. ¿Pero que hace que algo bello sea atractivo? Creo que eso ya los griegos se lo preguntaban, y sigue siendo algo sin una respuesta muy convincente.

Es posible diferenciar por un lado la CONTEMPLACION, cuando nos extasiamos ante algo bello que nos invita a disfrutarlo con un manejo diferente del tiempo. Por ejemplo, mirar un paisaje, un cuadro, escuchar un concierto, un poema... cosas asi. Bueno, eso es bello, eso es estetico. Pero tambien, por otro lado, esta el APETITO. Cuando nos ponemos frente a algo que nos atrae, que nos parece hermoso, pero que no solo lo contemplamos, sino que nos da ganas de asirlo, de aprehenderlo, de comerlo inclusive (en caso de alimento o vaya a saber uno que cosa...). Eso sucede cuando vemos un lemon pie, cuando en vez de ver un cuadro, lo compramos, e inclusive, cuando vemos a una persona linda y nos dan ganas de... bueh, ya saben. Eso es apetito... no contemplacion. No tiene nada de malo, es natural, es asi.

Una de las cosas que a todos nos jode (quiza no a todos), es evaluar nuestra belleza fisica. ¿Somos lindos? ¿Generamos atraccion cuando alguien nos ve caminar por la calle? ¿Tenemos algo puramente fisico que atraiga a otra persona? A veces buscar la respuesta se vuelve interminable, o mejor dicho, muy cambiante. Somos lindos por momentos, quiza, y en otros no. Descubrir el concepto de lo bello en cada uno es complicado. En realidad, nunca deja de ser una conjugacion entre lo fisico y lo interno. Un tipo lindo y pelotudo, no es atractivo. Uno muy feo y descuidado, pero interesante, quiza tampoco lo sea. Ahora bien, ¿que parametros manejo para decir que uno es lindo o feo?, ¿pelotudo o atractivo? He ahi el dilema, diria William.

Hay momentos en donde uno se siente feo, rechazado, olvidado quiza. Otros donde es lindo, atractivo, un latin lover. Pero a veces es solo palabra, es algo volatil. Somos lindos o feos depende de quien lo considere asi, en un momento determinado, en una circunstancia determinada. Pienso la belleza como fugaz pero a la vez permanente, fragil y a veces, difusa. Quiza el problema sea que la pienso demasiado... quiza el problema sea que debo empezar a pensar cual lemon pie en vidriera, a ver si alguna persona desee devorarme sin pensar en que esta a dieta.

PD. Perdon por los no acentos... algo le pasa a este teclado.

domingo, 21 de diciembre de 2008

El tren que no solo pasa y se va, sino que te pisa...

No es la primera vez que pienso en esto. ¡Cuántas veces he dejado que el tren se me pase! ¿Por qué? Me pregunto. En más de una oportunidad está la posibilidad de dar la cara, de adelantarse, de decir "hola", de dar un beso y no lo hago. El terrible miedo al rechazo es algo que jode, ¿no? Pero la pregunta sería, ¿por qué?

Supongo que las respuestas son varias. Ya siendo grandote, peludo, con ciertas convicciones bien afianzadas, con título, aún así es complicado. La metáfora del tren es aplicable: ¿qué viajes nos estamos perdiendo por no querer subir? Mejor dicho, por no atreverse. Igualmente, el golpe de la caída duele un rato, jode, se hincha quizá un par de horas, pero pasa...

Creo que el golpe al frágil autoestima es algo que siempre intentamos evitar. Este quizá sea el momento de pararme, clavar la bandera y decir: ¡Basta! ¡Nada de ahora en más me impedirá no dar el primer paso! ¡Ese puto y malparido primer paso! Pero bueno... a veces hay cosas que el viento se lleva consigo... trataremos de que ésta no sea esa ocasión...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Esperando... no la carroza, por suerte

Una de las cosas más banales que he hecho en estas semanas, ha sido hacer el test de Sex and the City. Según la gente que lo confeccionó, soy una Charlotte mendocina. Sería falso de mi parte decir que es mentira o que no tengo características similares: por sobre todas las cosas, la idealización de la pareja.


Según padre amigo, "no hay que ser pretencioso". La presunción, ¿hasta qué punto se asemeja a la expectativa, al deseo, al amor? Será tonto pensar que están de alguna forma cerca, pero pareciera que algo lo están.


Charlotte quiere una boda ideal, al chico ideal, al príncipe que llega en caballo. ¿Será que en parte soy - como otros - así? Uno espera, no la carroza, no a Godot, solo espera que aquella estructura ideal se ajuste, aunque sea un poco, a quien conocemos. Mi corta experiencia me revela que es algo complicado, demasiado. La pregunta ideal sería: ¿será de tiempo de empezar a ser como Samantha...?

Tiempo al tiempo

Meses después, el pequeño sujeto que publicaba en este blog se dedica a retornar. Quizá la vida, quizá un padre lejos que se ha aficionado a esto, quizá el contar con más tiempo... Debería decir este oscuro joven que ciertas cosas han cambiado: la vida profesional que ingresa, las nuevas posibilidades, los grandes miedos y la gran expectativa. Hacerse grande es más complicado de lo que parece. "El rey se muere" decía Ionesco, supongo que por lo menos a este rey ya le está doliendo un poco la espalda.

En fin, la intención es comunicar que pretendo volver a este blog. Espero que me ayuden a no abandonarlo. Es tan indispensable como quien escribe...

Gracias!

lunes, 22 de septiembre de 2008

Siendo la Melinda loca del amor...


Un amigo trajo a colación hace unos días una de las imágenes finales de la peli "Melinda y Melinda" de Woody Allen. No contaré el porqué, pero la verdad es que calzaba justo. Recordé esa escena en donde la mujer cae, se vuelve loca abatida por sus penas. ¿Hasta qué punto es capaz de soportar alguien tanta cosa mala?


Nunca he sentido de alguien que se haya vuelto loco/a por amor, en el sentido más literal posible. Nadie que haya perdido los estribos y ahora radique su domicilio en un hospital psiquiátrico... Pero no es nada nuevo decir que muchos nos volvemos (o sea, yo también) un tanto "locos" cuando nos enfrentamos a cosas como es esto, de querer a alguien. Lo que sucede es que puede que no querramos a ese alguien, que no querramos a la persona de carne, huesos y líquidos, sino que querramos lo que representa. Ese manejo de ideas, proyecciones, esquemas y cosas así, se acumulan y pesan bastante... esto vuelve loca a la gente, incluyéndome...


Es fastidioso, debo decir. ¿Qué grado de cordura manejamos en el momento de pensar en el amor? ¿Acaso no hay un grado de "locura" imbricada en el asunto? Creería que sí... un poco está bien, es necesario, es casi indispensable, diría... pero ¿cuál sería el límite? ¿Qué tanto es psicológico, qué tanto es hormonal, qué tanto es real...?


La pregunta cerraría con otra pregunta: ¿Quién sabe?

jueves, 21 de agosto de 2008

Del polvo venimos... ¿y hacia el polvo vamos?

Platón en el "Banquete" intenta dilucidar cuál es la verdadera naturaleza del Eros, es decir, del Amor, de aquello que genera la vida y el movimiento... podría decirse. En una de las intervenciones, Aristófanes dice que en un principio existía un tipo de ser que ya no existe: un andrógino: mitad hombre - mitad mujer. Decía, además, que eran fuertes, vigorosos, y que deseaban derrocar a los dioses del Olimpo. Por ello, los mismos decidieron que había que ponerles un freno, por lo que Zeus, con su rayo multiuso, los dividió en dos y Apolo los curó cerrando la herida y dejando la marca que ahora se conoce como ombligo. Si han visto la película "Hedwig" algo habrán escuchado.

Ahora bien, estos seres, que son la mitad de una unidad, se han separado y se buscan. Básicamente, uno busca la media naranja, por así decirlo. Además, de una manera muy lógica, Platón ve que estas mitades también se han separado en otras mitades. Es por ello que lógicamente también existen hombres que buscan a otros hombres que son su mitad, y mujeres que hacen lo mismo. Si bien no procrean, como la unión de hombre y mujer, sí se genera un crecimiento intelectual y físico, por así decirlo.


Esto habla muy bien de los griegos, de su concepción de una sociedad muy diferente a la nuestra (igualmente, ellos no tenían muy en cuenta la posición de la mujeres, lo cual no era algo positivo...). En fin, esto es sorprendente, bah, por lo menos a mí me pareció. Pensar que uno a veces se reduce a simplemente buscar el amor, el contacto, a través del sexo, del meter algo en otra cosa, de sentir que uno se comunica físicamente con otro solo por esto... ¿A eso se ha reducido? Y me doy - y doy a otros - varias cachetadas al pensar esto. ¿Dónde quedó aquel Eros que hacía que nos sintiéramos en sintonía con nosotros mismos al encontrar a nuestra otra mitad? ¿Qué ha sucedido?


Puede que suene un tanto desesperanzador mi escrito, pero no lo es. La verdad de la milanesa es que hay que comerla... hay que pasarla, hay que atravesar por este mundo donde las mitades ya no se encuentran, o a veces, ya no se buscan. Sin embargo, tarde o temprano, puede que aparezca. Los griegos eran unos copados, hay que decirlo, pero el mundo ya no es el que existía antes. Se descubrió América y ahora existe Internet. ¿Puede que mi otra mitad esté en Japón? Pues, con el chat, es algo solucionable. No hay que desilusionarse pensando que en la vida uno no encuentra lo que busca. Creo que lo mejor sería pensar en que uno está bien siendo mitad, y que va a estar mucho mejor cuando sea unidad. Ahora que lo pienso, mi principal problema sería aprender a hablar japonés...


jueves, 31 de julio de 2008

El mundo hecho de a dos

La otra noche pensaba en la complementariedad que nos rodea. Todo tiene su opuesto, que más que oponerse, se complementa. Esto me llevó a meditar acerca de lo femenino y lo masculino: ¿Qué tanto hay de femenino en los hombres y qué tanto de masculino en las mujeres?



Una de las cosas que más me ha traído complicaciones es poder entender cómo se debe lidiar con una mujer. Ahora bien, ¿cómo debo lidiar con mi costado femenino? Por mucho tiempo se negaba esta bipartición en las personas, o en cierto modo, avergonzaba que el hombre tuviera su lado femenino y viceversa. Pero existe la clara idea de que no aprender a manejar ambas facetas trae sus complicaciones.



Esa noche, meditando un poco más, luego de charlar con psicoloca amiga, llegué a la conclusión no muy novedosa de que lo femenino y lo masculino se determina por los padres. ¿Qué entidad más femenina que mi madre y qué imagen más masculina que mi padre? Ahora, ¿de qué manera esto se introduce en nosotros? ¿Cuánto tomamos de uno y otro? La inteligencia emocional es algo que cuesta mucho controlar, y la verdad que sí cuesta...



Hablando de cosas complementarias, el otro día vi GATO NEGRO, GATO BLANCO de Kusturica, donde se habla de este tema. Los vivos con los vivos, los muertos con los muertos... el alto se casa con la enana, el amor se une... Es muy loco, ¿no?, ver cómo estas ideas tan amplias y aparentemente sencillas son cosas muy complicadas en realidad. El mundo es la unión de cosas que se complementan, es el caos que tiene orden, el yin y el yan, mi papá y mi mamá...



viernes, 25 de julio de 2008

Trémulo

Trémulo sufría de ataques crónicos de Soledad. Él sabía muy bien que ésta no era un enfermedad que se curara con el tiempo, con los objetos de felpa o con poemas nocturnos. Trémulo sabía que la Soledad se curaba con el jarabe que un doctor había descubierto, el cual consistía en una síntesis de jugo de pomelo, extracto de diente de león y un tónico secreto que nadie conocía. Con unas pocas gotas, Trémulo iba a poder curarse de la Soledad. Al encontrar ese jarabe por Internet, supo que nunca más iba a sentirse solo.



- "¡Milagro de la ciencia humana! ¡Milagro haberlo encontrado!" - gritaba, aunque nadie lo escuchase. Sufría de Soledad.



Tomó un par de gotas y no se sintió mejor. De hecho, su lengua se paralizó por el extraño sabor del brebaje. Trémulo volvía a sentirse mal, volvía a entender que la enfermedad era incurable. Cayó al piso y vomitó. Quiso despojarse de todo lo que había comido ese día, de todo lo que tenía dentro. Quiso vomitar su estómago entero, su sistema digestivo completo, quiso incluso vomitar su corazón. Sabía que no había forma de curarse, que la Soledad no corría por sus venas, sino por algún otro lugar, por un lugar insospechado. Se dejó caer y lloró. Lloró con la punta de la lengua aún dormida, con medio almuerzo en sus pantalones y con la mirada oculta entre sus dedos. Había aún algo de Soledad en ese ambiente. Flotaba en el aire. No había forma de evadirla.

martes, 22 de julio de 2008

Sobrevolando "l'amour"


Una noche hablaba con un amigo sobre lo que es sentirse enamorado. Según lo que una profesora muy atinada explicaba, existe una primera etapa que es precisamente ésta, la del enamoramiento, donde todo es fabuloso, brillante, donde todo es alucinante. La persona enamorada no ve los defectos, ve lo mejor y proyecta en cierta forma, lo ideal buscado en el otro. Luego de que esto pasa, viene una etapa que hay que atravesar con algo de trabajo... Conocer al otro en profundidad es todo una labor que puede o no, desilusionar a la persona. Finalmente, una etapa donde prácticamente, uno se acostumbra a tener la otra presencia. Aún sigue siendo amor.


Sé que puede que mi visión sobre esto sea prematura, de hecho, lo es. Tengo recién 21 años, la vida aún comienza (me imagino) y muchas cosas que parecían ser algo cerradas y dejadas en el cuarto de atrás, puede que estén saliendo otra vez. Esa noche, con mi amigo, recordábamos un poco lo que es enamorarse en la adolescencia. Yo me acuerdo... un flash, debo decir.


Igualmente, sin ser muy explícito, mis experiencias pasadas no han sido muy agraciadas. De hecho, han sido lo contrario. Eso, me imagino, ha generado en mí una idea extraña sobre lo que es enamorarse. Como un impedimento natural a sentirlo nuevamente. Y si bien debo confesar que al parecer está poco a poco resquebrajándose, aún sigue dándome miedo.


Una de las cosas que más me llama la atención es la cuestión estratégica que se pone en juego. Benedetti tiene un poema donde habla de las tácticas y estrategias que se ejecutan, tanto en la guerra como en el amor. Muy bueno! Un amigo hoy citaba a Barthes quien afirmaba que el mejor semiólogo que existe es el enamorado: interpreta todos los signos. Y es eso precisamente lo exhaustivo e interesante a la vez: ¿Qué tanto debemos leer del otro? ¿Qué tanto es necesario interpretar? ¿De qué forma se debe interpretar? La subjetividad se da a mil y no hay manera de encontrar una respuesta valedera, una "correcta".


La cuestión es que no parece haber otra salida que correr riesgos y romper el muro que uno naturalmente crea para protegerse y fijarse a ver si esta vez las cosas saldrán bien. Quién dice... puede que sí... puede que no. La mamá de Forest decía: "la vida es como una caja de chocolates. Nunca sabes qué te tocará". Simple y muy buena imagen...